Capítulo
1
Me encuentro en el funeral, Margaret murió
(esa chica es otra historia), falleció por tal vez un suicidio, ya que su
padrastro la violaba frecuentemente. Cuando llegaba ebrio, o sobrio, o molesto,
o feliz, o triste, en fin, el punto es que siempre la violaba. Yo siempre
trataba de ayudarla, pero, no sabía cómo. Ella siempre intentó darle su
merecido, pero nunca tuvo el valor para hacerlo.
Veo que su madre está apoyada en aquella
claustrofóbica urna de madera color marfil, me molesta con la señora mamá de Margaret
porque ella sabía del acto que presentaba su esposo. La señora de pelo rubio,
maquillaje excedido pero destrozado por las lágrimas, se volteo a mirarme y
baja su cabeza. Veo a mi al rededor, ni un "amigo de Margaret" solo
yo, al darme cuenta la señora de pelo rubio y maquillaje destrozado por las
lágrimas, ya no está, esta con su esposo de traje (el violador) apoyada en su
hombro izquierdo, mientras que su esposo (el violador) le pone una mano en su
espalda y la otra en su pelo rubio. Lo veo y aquel hombre tenía los ojos
cerrados, lo ignoro y volteo a ver a la difunta. Veo a la conocida chica de
cabello castaño, piel pálida y con pecas por todos lados de su cara, veo que el
vidrio solo me permite ver hasta los brazos y la mitad del codo, trato de acomodar
para verle los antebrazos, lo logro, aquellos pálidos antebrazos, los
reemplazaron unas vendas ensangrentadas.
—Te dije que morirías primero—dije
tratando de enfriar mi tono, pero el llanto se apoderó de mí. Un extraño mohín
de sollozo se formó en mi cara.
Lágrimas. Lágrimas. Lágrimas. Todas hinchándome
mis ojos, irritándolos, los ciento destrozado. Me llevo la mano derecha a secar
mis ojos inundados de lágrimas, y me doy cuenta que está seca mi cara, la bajo
y la coloco encima del vidrio que me dividía de Margaret. Cierro mi puño y con
intención de romper el vidrio lo hago, abro la puerta que tapa los pies de
Margaret y la cargo, me doy vuelta, antes de salir corriendo una voz me
interrumpe.
—Vivir mucho tiempo en los sueños, a veces
no es bueno, es mejor enfrentar la realidad. Y tratar de olvidar el dolor y que
la felicidad permanezca. Te quiero mi amigo, y no quiero que vivas lo que yo —
me aconseja Margaret.
¿Margaret? Volteo hacia mis brazos donde está
el cuerpo. No está. Veo girar al mundo a mí alrededor. Cierro mis ojos con
fuerza y recuerdo una y otra vez lo que me dijo Margaret, o mi imaginación, o…
Abro los ojos y todo queda igual, y me doy
cuenta que hay familiares, pocos, veo a un conocido con cabello castaño y piel
bronceada (se ve que alguna vez fue de piel pálida) y ojos marrones como los de
ella. Bajo la mirada y mil imágenes aparecen por mi mente. Violaciones, golpes,
navajas ensangrentadas. Suicidio. Esto último me hizo racionar, volteo hacia el
señor que abraza a la madre de Margaret (el violador), cierro mis puños y me
dirijo hacia la pareja, clavo mis ojos en la señora que llora bajo el hombro
del señor (violador). Y le pregunto a la señora sin quitarles los ojos de
encima.
— ¿De qué murió?
—Se suicidó, — me responde el señor
(violador y metiche) — al parecer practicaba el suicidio comúnmente y murió por
esa irresponsabilidad de su parte.
— ¿Por qué se suicidaba? — Puse a prueba
al hombre con quien hablaba, a ver si me respondía la verdad.
—No lo sé — «mintió» pensé mientras hablaba — revise en el
resultado del examen de la autopsia de Margie — «hipócrita» — y no
salía nada — «sarcasmo».
—Miente —traté de que sonara con tono
tranquilo, lo cual funcionó. El señor se sorprende de lo que dije — los dos
sabemos porque Margaret o “Margie” murió. — Esperé que respondiera, pero no
habló —. Usted la violaba. ¿O me lo vas a negar a mí? Señor violador.
Antes de darme cuenta el señor arrugó mi
traje y me lanzó por los aires, y pensé que levitaba pero todo cambio cuando me
golpeé con la urna de madera. La urna se tambaleó y cayó, Margaret se le veían
los pies, sandalias beige, traté de moverme pero mis extremidades no
respondían. Un hombre venía en dirección donde yo me encontraba acostado, mis
ojos no lograron identificar aquel hombre (supuse que era el violador, o un
¿ángel que me vino a buscar? ¿Estaba yo muerto? ). Luego de que el hombre le
faltaba un par de metros apareció el padre de Margaret. Un hombre fornido con
traje apretado, agarro al barrigón que venía en dirección donde yo estaba acostado
o tal vez muerto. Lo alzó por los aires arrugándole el traje y lo pega contra
la pared, soltó una mano y se la puso alrededor
de su cuello. Sé que ahorca al violador cuando veo que su brazo se tensa y el violador
comienza a hacer ruidos extraños en busca de oxígeno.
—Tú. La violabas.
El hombre fornido suelta al violador, en
cuanto él tose una patada en el tórax resuena en todo el salón. Yo aún estoy
acostado mientras veo hacia arriba que
me entero de todo de un gran espejo que cubre el cuarto, el hombre fornido está
apoyado en la pared. Y el violador tose sangre continuamente. Veo que un puño
se cierra. Y que arruga mi traje, me doy cuenta que estoy a unos metros del
violador que arruga mi traje, giro mi
cabeza y veo al violador con sangre en la boca, él se levanta y me hace levitar
arrugando mi traje mientras su mano libre formaba un puño, detrás del hombre
que me quería golpear había otro —más fornido que él—, aquel hombre tenía un
cuchillo en la barriga, vomitando sangre, lo veo que se separa de la pared y
saca el cuchillo que lleva en la barriga, se da vuelta y se ve como está
rasgada la camisa mostrando su abdomen abierto. No me doy cuenta de lo que
ocurre a continuación: El hombre que me está haciendo levitar me lanza un golpe
a la cara, tan fuerte que hizo rasgar mi camisa, con la tela a la mano se le
queda viendo, el hombre fornido le dio la vuelta y le dio un golpe en el
estómago dejándolo sin aire, le agarro el cabello y le dice:
— ¿Qué tan hombre te crees? Agresor de niños
Se escucha un crujido que proviene de la
nariz del violador el cual se desmaya en el contacto. Volteo mi cabeza en
dirección del violador inconsciente, me desmayo o muero.
Comentarios
Publicar un comentario